Observatorio sobre la Edición del Siglo XXI en Colombia

Comentarios del editor Nicolás Morales sobre los libros más vendidos en Colombia

Enero 15th, 2009 Posted in Tökland Tribune Colombia | No Comments »

En dos de sus columnas más recientes en la revista Arcadia el editor colombiano Nicolás Morales hace algunas anotaciones con respecto al tipo de libros que más se venden actualmente en Colombia. Se trata de “El modelo Disney” y de “Los libros más vendidos del 2008”.

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Todas las plantas y cuerpos preciosos que produce el Nuevo Mundo

Diciembre 29th, 2008 Posted in Margarita Valencia, Tökland Tribune Colombia | No Comments »

Umaña

Se cumplieron en 2008 200 años de la muerte de José Celestino Mutis, nacido en Cadiz en abril de 1732. El sabio Mutis, médico y filósofo, viajó a América en 1760 como médico y cirujano de Pedro Messiá de la Cerda, virrey de la Nueva Granada. Ese viaje hizo que Mutis volcara toda su atención en la historia natural y en la imposición del sistema de clasificación de Linneo —que en ese momento aun no se había convertido en paradigma. Ese viaje también unió para siempre la memoria del sabio con el destino de las colonias americanas cuyo empeño en describir “todas las plantas y cuerpos preciosos que produce el Nuevo Mundo” sentó las bases para la nueva identidad que los neogranadinos empezaron a fraguarse.

La historia de la Expedición Botánica —impulsada por el virrey Caballero y Góngora para apaciguar los ánimos caldeados por la Revolución de los Comuneros— corre paralela a la de los procesos de independencia y concluye en 1816, cuando Pablo Morillo —encargado por Fernando VII de la pacificación de Venezuela y la Nueva Granada—ordenó enviar a Madrid el herbario y el archivo de Mutis y de la Expedición.

Umaña

En el Museo Nacional de Colombia podrán ver los bogotanos hasta el 1 de marzo de 2009 25 de las 5607 láminas botánicas de Mutis, y apreciar su belleza, así lograda.

Los rojos se obtuvieron del palo brasil, el palo mora, el achiote y la guaba. Los amarillos se extrajeron del principio amarillo del mismo achiote, los tunos y las dalias. Los anaranjados, del azafrán; los azules y violáceos, del añil, el árnica y el espino pujón. Los sepias, derivados del gamón y los líquenes; los verdes, de la chilca. Logradas las tinturas a partir de los vegetales y minerales locales, se procedía a mezclarlas con aceites (vitriolo, tártaro), gomas, amoniaco, vinagres (destilado y de Castilla), agua regia y otros disolventes con el fin de ennoblecer los colores y asegurar los matices. Otros materiales usados fueron alumbre de roca, gramilla de Aviñón, cenizas graveladas, sangre de drago, sal de Inglaterra, flor de granada y palo campeche (tomado del catálogo de la exposición).

De paso, los visitantes podrían recuperar una tradición largo tiempo olvidada que asocia los comienzos de las patrias americanas con el reconocimiento del mundo físico que nos rodea y no con las guerras que aun no acaban.

El cultivo de la persistencia

Diciembre 29th, 2008 Posted in Experiencias, Margarita Valencia | No Comments »

“¿Cómo se cultiva la persistencia para seguir viviendo en Colombia a pesar de la adversidad?”

Esta fue la pregunta que la Biblioteca Luis Ángel Arango propuso a la comunidad y que más de cinco mil personas respondieron. La idea surgió en el marco de la designación de Bogotá como Capital Mundial del Libro, y en abril de 2007, en la Feria de Bogotá, se exhibieron las primeras cartas recibidas. En el segundo semestre se leyeron, seleccionaron y catalogaron las cartas y a finales de ese año se abrió en la Biblioteca la exposición Cartas sobre la mesa, con la curaduría de María Ospina. Se publicó además hace quince días un volumen de Libro al viento con una selección de estas cartas.

La convocatoria apuntaba —apunta— al poder de la palabra, a su capacidad de oponer una resistencia activa al enmudecimiento propio de la muerte: “porque el destino humano es este, no solo resistir, también influir para que los demás persistan”; y a la capacidad de supervivencia de un pueblo castigado por la guerra, que se empeña, no obstante, en imponer un camino diferente del que señala la violencia como única acción y única reacción: “Hemos logrado sobrevivir porque no nos hemos involucrado en ninguna guerra”, escribe Pedro Conrado Curdiz a un lector desconocido, “ni hemos patrocinado ni física, ni política, ni ideológicamente la violencia política. Creo que aquí está la fuerza interna de la esperanza; en esta civilidad a prueba de fuego”.

La civilidad pasa, necesariamente, por la palabra; así lo entiende también el niño Johnatan, quien muy gentilmente le pide a la oscuridad que no lo asuste más, que “sea un poco más clarita cuando duermo y podamos ser amigos.”

El Archivo Universitario e Histórico Javeriano Juan Manuel Pacheco, S.J. digitalizó las cartas, que pasarán a formar parte del archivo Cartas y Conflicto que desarrolla el Instituto de Estudios Sociales y Culturales Pensar de la Pontificia Universidad Javeriana.

Lecturas de nuestro HermanoCerdo

Diciembre 23rd, 2008 Posted in Lectores, Margarita Valencia | No Comments »

Ya comentamos en Tökland que uno de sus proyectos de dominación para 2008 era lanzar una gran convocatoria entre escritores, artistas, críticos, lanzallamas, blogueros, malabaristas, ninjas, samurais, budokas y demás amigos de La Hermandad para que nos contaran qué habían leído durante el año.

La retahíla de lectores que desnudan sus lecturas es inmensa. ¿No sientes curiosidad por saber de otro lector? ¿Qué leyeron, qué piensan, confrontarte? Tomamos prestada esta pieza de Margarita Valencia (como nuestros hermanos, carecemos de escrúpulos en algunos sentidos) como gota de agua en la lluvia que proponen. Cada corte daría para un debate encendido…

Margarita empieza recordándonos una certeza de Ezra Pound: Solo lo que es cierto y permanece cierto se conserva fresco para el nuevo lector. Y continúa… Read the rest of this entry »

Ivar Da Coll y sus amigos

Diciembre 19th, 2008 Posted in Ilustración | No Comments »

Ivar da Coll

Por Margarita Valencia

“¡Una tapa tipográfica!”
Carlos Valencia Goelkel

Ivar Da Coll es un hombre grande y de andar un poco desmañado, como esos adolescentes que no acaban de acostumbrarse a los brazos o a las piernas que les salieron de pronto; es un hombre tímido, también, que se esfuerza mucho por pasar desapercibido; y se ríe como si fuera una persona bajita, con una risa que le sale cautelosamente de un lado de la boca; pero la cautela no sirve mayor cosa porque igual se sacude todo, y las gafas se le escurren de la nariz, y no hay manera de ignorar esta amenaza de explosión que después —mucho tiempo después, cuando se acomoda y olvida por un instante su timidez— se convierte en una verdadera explosión, con manotada sobre la mesa o sobre la rodilla. Durante unos momentos, Ivar se transforma en un ruidoso campesino italiano; pero rápidamente se recoge, pone las dos manos sobre las rodillas, y pone cara de ser el hombre menudito y gris que quisiera ser pero que no es.

Recuerdo a Ivar entrando a Carlos Valencia Editores, en 1986, de la mano de Camilo Umaña; también de la mano de Camilo llegó la ilustradora Olga Cuéllar —cuya risa es el antónimo de lo cauteloso; y de la mano de Olga, un poco después, la diseñadora Camila Cesarino (que en esa época trabajaba para El Áncora, creo). Hacíamos libros y nos divertíamos: en las aventuras de Lola, la vaca rosa, que Ivar hizo para Dini unos años después, quedó testimonio de nuestras tonterías. Nos burlábamos a gritos de nosotros y de todo lo que nos rodeaba, hablábamos atropelladamente de música y de literatura, y discutíamos con pasión y vehemencia la ética y la estética del oficio.

Por cuenta del oficio pasamos mucho tiempo juntos: el primer libro que hicimos con Ivar fue Del Moncada a la victoria. La estrategia política de Fidel, de Marta Harnecker, una tapa verde con un paisaje abstracto, vagamente amenazador, con cañones rosados y montañas vestidas de camuflado. Hacer ese libro en ese momento ya era anacrónico, pero disfruté de mi primera negociación internacional, y los cubanos —de quienes conocíamos la mítica revista de Casa de las Américas y algunas publicaciones hechas con mucha seriedad que circulaban misteriosamente— nos merecían respeto. La tapa que Ivar ilustró a continuación sigue siendo siendo una de mis favoritas: un señor grande y redondo escribe a máquina sentado en el aire, y en su cabeza descansa otro señor que hace lo mismo. El escandaloso saco de rayas y las serpentinas que lo rodean (y que salen de la máquina de escribir) contrastan con la expresión vacía del rostro del escribiente. La tipografía gótica que usó Umaña le da al libro —el ya por entonces clásico Ciencia propia y colonialismo intelectual, de Orlando Fals Borda— un aire divertido, casi burlesco. También tienen mucho humor las dos ilustraciones que hizo después, para los dos volúmenes de Psicología y clases sociales, de Álvaro Villar Gaviria (un texto denso, largo y complicado en cuya corrección casi naufraga Ana Roda): algunas de las figuras borrosas y puntiagudas, dibujadas en lápiz, que se afanan de aquí para allá dentro de un discretísimo marco de color han perdido inadvertidamente la cabeza; una sola de estas cabezas mira al lector desde la esquina inferior izquierda con gesto desolado, como si se hubiese resignado a no entender.

Ivar da Coll

El humor sutil de esas ilustraciones es lo que más me gusta de los Chigüiros de la primera etapa, publicados por Norma bajo la tutela de María del Mar Ravassa y Silvia Castrillón. En esos libros, casi cuadrados, Chigüiro va por la vida tranquilo y silencioso, sin marco que lo constriña, y eso le permite desplazarse tranquilamente de una página a otra con un lápiz en la mano, o unas ramas en la cabeza, o montado en una chiva. Es grande y un poco peludo y no es particularmente expresivo, aunque sonríe discretamente la mayor parte del tiempo (y eso subraya momentos tan memorables como cuando suelta las manos del manubrio de la bicicleta y se muestra absolutamente feliz). Casi siempre lo vemos de perfil —corriendo tras una mariposa o jugando a la pelota—, pero en ocasiones nos regala una mirada cómplice de frente, como si estuviera cerciorándose de que seguimos ahí o de que nos estamos divirtiendo tanto como él.

Chigüiro tiene amigos —mico, chigüira, gallina—, pero sus encuentros con ellos son más bien casuales, y los objetos domésticos en su vida aparecen cuando los necesita y desaparecen después: se podría decir que su hogar es la hoja en blanco y lo que su imaginación quiera hacer con ella. En cambio Eusebio y sus amigos son un parche, como diría un joven amigo, y habitan un mundo perfectamente civilizado. Aunque tampoco usan ropa, sí tienen cuidado de cocinar con delantal y duermen con piyama, y hablan como ingleses acomodados: “Qué dicha que te acordaras”, dice Camila cuando Eulalia le lleva una canasta con frutas, huevos y crema por su cumpleaños. Las buenas maneras que caracterizan sus intercambios son reflejo del respeto que cada uno de ellos siente por los demás, y también de genuino afecto: cuando Eusebio, un gato atigrado que podría ser amarillo pero que en la edición de Carlos Valencia Editores es morado, no puede dormir porque tiene miedo, no duda en despertar a Ananías, y el pato se ocupa con gentileza de las angustias de su mejor amigo.

Tengo miedo es el segundo tomo de las Historias de Eusebio, y el más entrañable: las imágenes del comienzo —Eusebio sentado en la cama de Ananías con osito, piyama de lunares y pantuflas y Ananías con cara de dormido— dan lugar a la más divertida serie de ilustraciones que haya dibujado Ivar: a una primera ronda de miedos expresados por Eusebio (diablo, dragón, bruja, fantasma, vampiro) sigue otra en la que Ananías los desarma con paciencia y mucho buen humor: particularmente delicioso es el fantasma que se baña en la tina, y que Houghton Mifflin nos obligó a quitar en la edición en inglés.

Para Carlos Valencia Editores, Ivar dibujó además el reyecito desenfadado que ilustra la tapa de Antología de lecturas amenas de Darío Jaramillo y que se convirtió en emblema de la colección infantil y juvenil; el señor verde que pasea el libro-perro del cartel de la colección Nueva Narrativa, y una señora muy seria y circunspecta que almuerza un libro gustosamente en otro cartel de la misma colección (originalmente en lápiz e impreso en verde y morado: Umaña, obligado a usar dos tintas, era muy bueno creando la sensación de color y no teníamos que pagar policromías, absurdamente costosas). Para Ekaré, Ivar creó a Hamamelis, que después fue adoptado por Alfaguara; Carlos circuló en México, si no recuerdo mal, y los tres alegres compadres de ¡No, no fui yo!, Juan, José y Simón, aparecieron publicados por Panamericana en 1998, después de dar muchas vueltas. En la segunda etapa de Chigüiro aparecieron los abuelos, Abo y Ata, sabios adorables.

Olga, Camilo y Camila siguen bregando en el oficio, y aún discutimos a voz en cuello la caída de fortalezas éticas que alguna vez consideramos inexpugnables. Ivar también, y su perseverancia y su talento se han visto recompensados: fue nominado al Hans Christian Andersen en el 2000 y formó parte de la lista de honor de IBBY; ha publicado en Estados Unidos, España, México y Venezuela y su obra, además de ser ampliamente conocida, le permite vivir de su trabajo y dedicarse exclusivamente a hacer libros. De entre sus últimas creaciones quisiera destacar dos, bastante atípicas y verdaderamente espléndidas: la primera es ¡Azúcar!, una biografía de Celia Cruz publicada por Lectorum en Estados Unidos con unos colores fuertes, chillones, que en nada recuerdan la gama de los pasteles que Ivar suele favorecer, y una estética francamente kitsch. La segunda, en el otro extremo, es A un hombre de gran nariz, recientemente editado por María Osorio en Babel. El dibujo aquí es a lápiz (entiendo que por brillante culpa de María), y la precisión en ciertos detalles (véase, de nuevo, la escena de la tina) contrasta con otras páginas en las que el boceto basta (como en el caballo que tira del carruaje). En Celia y el Hombre de la gran nariz vemos a un Ivar que ha crecido con su trabajo, que no tiene miedo de intentar cosas nuevas. Me parece que es ese decoro el que aprendimos juntos: es un gusto saber que sigue vivo entre los libros y entre los amigos.

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Diatriba humanista

Diciembre 19th, 2008 Posted in Margarita Valencia | No Comments »

Por Margarita Valencia, Las Palabras Desencadenadas

en memoria de Hernando Valencia y de Hans Ungar

And when some lines of yours have set another’s mouth to moving,
making that sense with those sounds: is that not better than a kiss?
“The Habitations of The Word”, William H. Gass (1)

Me duele aun el muñón cada vez que paso frente a lo que fue la Librería Aldina, en la 70 con 7, o por la Jiménez con octava (Buchholz), o por el parque Santander (donde quedaba la enormísima y maravillosa Central, que también tenía discos, como Buchholz).

Librería BuchholzDiatriba humanista

Ha desaparecido también la Casa del Libro, donde el antipatiquísimo Rajul le quitaba a uno hasta la plata de los cigarrillos a cambio de unos abominables tomos de Porrúa (no quiero sonar desagradecida, pero ay) y muchos de Gredos que aun cuento entre mis tesoros (no los azules de tapa dura que ahora se consiguen en Lerner sino los de cartulinas marfileñas con tipografía roja que soportaban mal el abuso de los estudiantes); han desaparecido también la librería Mundial y la Tercer Mundo, en la 16, a uno y otro lado de la séptima, y la Librería del Seminario, a espaldas de la Catedral, donde se conseguían los libros de la BAC (y cómo suena de inútil ese dato hoy, cuando es tarea de titanes conseguir un ejemplar de la Biblia en la traducción de Reina-Valera); eso sin mencionar librerías no por espurias menos amadas, como La Gaviota, donde Gustavo Londoño —que me enseñó a amar La Celestina— se empeñaba en vender solo poesía, con la misma obcecación con la que se empeñó en poner a Shakespeare en escena y otras quijotadas por el estilo, o la librería de la Galería Marta Traba, un local grande y bien iluminado en la caracas con 63 donde en mi infancia leí sin interrupciones Tarzán y las aventuras de Kasperle y El libro de la selva; o las más modestas librerías de barrio, como El Lago, o La Oveja Negra de Los Andes (donde Ricardo Arango nos vendía fiados a Horkheimer y a Cortázar), o la Contemporánea, un local chiquitico donde cabía una cantidad increíble de libros bajo la protección de la gentil Alicia, o las librerías de viejo que había en Santa Bárbara y que yo no conocí pero que Umaña llora (2). Hubo una época en la que intelectuales de ingresos muchísimo más modestos que los de Nicolás Gómez Dávila pudieron hacerse a una biblioteca importante con libros en inglés, o en alemán, o en francés, tarea imposible e impensable en la Bogotá de hoy.

En su deliciosa autobiografía, Hobsbawm asegura que la mayoría de los latinoamericanos de hoy—incluso los más pobres—pensaría que su vida es mejor que la de sus abuelos. Dudo mucho que piensen que su vida es mejor que la de sus padres: la evidencia es demasiado contundente. En el número 60 de la revista ECO, Hernando Valencia escribió lo siguiente:

Me parece obvio que dicho talante, esa mezcla de indiferencia, de hastío y de sectarismo, es apenas expresión de las circunstancias políticas—es decir, económicas, sociales y hasta electorales—que prevalecen en el país. […] Ahora bien, Eco no puede, y no quiere tampoco, seguir paso a paso las manifestaciones de estos conflictos […]. Tal cosa sería ajena a la índole de la revista; sería extraña a su propia esencia, pues ésta consiste en la certidumbre de que la idea y su expresión constituyen un todo, una unidad cuyo recinto mejor—el libro, la cátedra, las publicaciones periódicas como Eco—no se identifica con la urgencia, por lo demás generalmente ilusoria de la polémica cotidiana.

Más de cuarenta años después, la indiferencia, el hastío y el sectarismo siguen prevaleciendo en el país; en cambio Eco ya no existe (Hernando Valencia tampoco) y el pensamiento inteligente muere de anoxia, aplastado por la urgencia cada vez más ilusoria de la polémica cotidiana y por el anacronismo y el provincianismo que la sostienen: ¿de que otra manera interpretar la propuesta del presidente Uribe de llevar libros a los rincones más apartados del país, seguida de la aclaración de que por libros se refiere a manuales para campesinos? La poesía tampoco disminuye la pobreza, lo sabemos, pero “es el único seguro disponible contra la vulgaridad del corazón humano” (3).

Hace un tiempo le presenté a un profesor universitario un programa para un curso de crítica literaria y él, después de mirar la bibliografía, me comentó con el desprecio propio de los profesores universitarios que ya nadie leía a Hernando Valencia. Eso es evidente para cualquiera que se pasee por las aulas de hoy, donde se dictan seminarios sobre la obra de Jairo Aníbal Niño y los estudiantes presentan ensayos-rizoma a guisa de trabajo final. Si leyeran a Hernando Valencia quizás sabrían que las ideas y su expresión constituyen un todo, una unidad cuyo recinto mejor es el libro, la cátedra, las publicaciones periódicas. Y quizás podrían escribir un ensayo. Y quizás entenderían que a los libros, como a las personas, hay que tomarlos en serio. Y quizás, después de todo eso, sabrían que ese temible e incompleto inventario del primer párrafo es una descripción pavorosa de los ladrillos que, uno por uno, hemos puesto o hemos permitido que otros pongan para construir esta cárcel que nos encierra y nos aísla y nos condena a oír el resto de nuestros días la “algarabía y la vociferación que han suplantado a la palabra”.

NOTAS

(1) “Y cuando unos cuantas líneas que uno ha escrito impulsan a la boca de otro a moverse, dándoles sentido con esos sonidos, ¿no es eso mejor que un beso?” (“Los recintos de la palabra”).
( 2) Nos queda Lerner, por supuesto, en el centro y en la 92, donde Alba se ha empeñado en adoptar a todos los huérfanos de la ciudad.
(3) Eric Hobsbawm, Años interesantes. Una vida en el siglo XX. Buenos Aires: Crítica, 2003. Es un libro que hay que leer, sobre todo si a uno lo está matando la nostalgia de una época en la que se podía pensar en “un movimiento para toda la humanidad y no para un sector en concreto de ella [que] representaba el ideal de superar el egoísmo, individual y colectivo” (pág. 133).
(4) Joseph Brodsky, “An Immodest Proposal,” On Grief and Reason. Nueva York: Farrar, Straus and Giroux, 1995.

El malpensante en línea

Diciembre 19th, 2008 Posted in Revistas | No Comments »

Por Martín Gómez Orozco, El ojo fisgón

Desde hace unos meses está en línea la nueva página Web de la revista colombiana El malpensante, donde se pueden leer íntegramente los contenidos de esta publicación a partir del número 73 —correspondiente a septiembre – octubre de 2006—. Creo que esta página Web cumple con los estándares necesarios para que visitarla sea una experiencia grata, para favorecer la lectura y para que al lector le dan ganas de volver: nada de animaciones en Flash a manera de introducción, cero frames con textos en formato de imagen, menús bien ubicados, tablas de contenidos e índices de autores organizados adecuadamente, textos completos y algunas de las fotos e ilustraciones que los acompañan en la edición impresa, una tipografía convencional y legible, la posibilidad de copiar textos e imágenes y un buen motor de búsqueda.

El Malpensante

Los contenidos de la revista son de muy buena calidad y era una lástima que quienes por alguna razón no podemos comprarla no tuviéramos la posibilidad de acceder a éstos —pienso sobre todo en quienes no vivimos en Colombia—. Con esta página Web El malpensante gana en visibilidad porque el interés que despiertan la mayoría de sus contenidos sobrepasa con creces cualquier localismo en gran parte debido a que desde un principio esta revista se ha caracterizado por publicar a autores de primera línea a nivel internacional. Además, gracias a la página Web de El malpensante cualquier persona que pueda leer en castellano tendrá la ocasión de entender por qué en sólo doce años esta revista se ha ganado el prestigio que tiene actualmente.

¿Si pudiera comprar cada número de la revista dejaría de hacerlo porque puedo leerla en línea? No.

Soy un fan de El malpensante desde que salió su primer número en septiembre u octubre de 1996. Y el cuidado por el detalle que salta a la vista en cada uno de ellos es una de las razones que hacen que la revista me haya cautivado y que como objeto tenga para mí un valor simbólico enorme. Además, los textos no son lo único que suscita mi interés por la revista porque el material gráfico que se publica en ella también es muy bueno.

Aunque la versión en línea de El malpensante amplía el acceso a los contenidos y facilita tanto la consulta de éstos como la búsqueda de fragmentos específicos en función de necesidades puntuales, una buena parte del placer que genera la experiencia de leer esta publicación se deriva de lo que significa tener en las manos una revista en la que todo es hecho con cuidado: desde la maquetación y la impresión hasta la selección y el tratamiento de los autores, los textos, las fotos, las ilustraciones y el papel.

Como la pertinencia de los soportes depende de su capacidad de responder óptimamente a necesidades específicas de sus usuarios, creo que los lectores ganamos al tener la posibilidad de leer El malpensante tanto en papel como en Internet y que, contrario a lo que muchos piensan, esta apuesta por los contenidos abiertos en línea no necesariamente tiene por qué afectar de manera negativa las ventas de la revista.

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Discreta memoria

Diciembre 18th, 2008 Posted in Lectores | No Comments »

Un amigo me habla de su vecino que se va a vivir a un hogar de ancianos y ha estado botando a la basura sus libros uno por uno, a gotas, en los últimos cuatro meses: a veces envueltos en papel periódico, a veces picados… como si fueran cartas de un amor que no quiere olvidar pero cuya memoria quiere mantener secreta.

El Libro Total

Noviembre 13th, 2008 Posted in Experiencias | 2 Comments »

Roger, nuestro ínclito librero venezolano y Michelena, no manda enlace sin hilo. En este caso me chismorrea sin demasiado aviso ni explicación, fiel a su estilo nómada en red, sobre El Libro Total. Y aunque el tema da para reflexionar sobre vías de acceso a contenidos y las nuevas formas de distribución, nobleza obliga, abordamos el cuento desde el principio más no sea, por el valor de la experiencia que llevan a cabo. Porque lo que interesa es cómo están trabajando el valor de la cultura en conjunto y no la lata de la soportualidad.

Tenemos que en el año 1978 se funda en Colombia la compañía Sistemas y Computadores, S.A, una compañía de ingeniería, que presta servicios a través de outsourcing, que genera soluciones informáticas integrando diversas áreas del conocimiento, en constante búsqueda de liderazgo para la satisfacción… Bueno, se funda Sistemas y Computadoras, S.A. La empresa, que cuenta con sedes en Bucaramanga y Bogotá, tiene una actividad de Responsabilidad Social Corporativa pero que muy bien organizada en varios proyectos culturales, entre ellos SIC Editorial, fundada en 1995, con el propósito de servir –según dicen– a las aspiraciones literarias de muchos escritores, que no podían ver materializado el sueño de editar sus libros, debido a las limitaciones económicas por los costos de los métodos tradicionales de edición o por la no aceptación del comité editorial de alguna firma editora… Lo que nos da que el proyecto El Libro Total es un proyecto de SIC editorial & Sistemas y Computadores.

En la web del proyecto podemos ver un ambicioso vídeo de presentación en el que se les ha ido un poco la mano, pienso, en relación a lo que podemos ver luego en el interior: unas cuantas obras sí, pero no la totalidad de ellas… Pero pongamos que sea un guiño, y que damos por sentado de que ese Libro Total pueda existir. ¿Qué sería un Libro Total?

Al margen del gesto amistoso desde la industria de sistemas y software, animando a los creadores y a los gestores de contenidos que se animen con la digitalización y la autoedición: y si eso fuera así, considero que debería quedar más explícito el mensaje del proyecto –viendo lo que tardan en el sector en pillar las indirectas. Si por el contrario trata de asentar, cabalmente, cómo es ese Libro, desde luego no será así: con mucha suerte, correrán contenidos a mansalva en esa línea en eBooks y similares, pero en web, sobre estas pantallas orientadas a la velocidad de la luz hacia lenguajes audiovisuales que estamos viendo, en modo alguno podemos obligar al usuario lector a tanto clickeo, a tanta interacción ‘mecánica’, pues distorsiona el valor intrínseco de sosiego de la lectura.

Pero tendrán a buen seguro sus estadísticas de desarrollo hasta el momento y un corpus indeterminado de feedback; incluso quizá tengan recogidos los casos en que su producto servicio ha representado un valorazo para una persona en un momento dado, que ha visto realizado un deseo, un volumen, etc. No le quita valor ¿verdad? No le quita valor ni a la propuesta, ni a la crítica que podemos hacerle a favor o en contra… ni desde luego afecta en nada a la persona que es-un-poquito-más-feliz-porque-se-ha-autoeditado-un-libro. ¿Como ponderar el proyecto en este momento de Buboks y tantos otros proyectos de autoedición? No es algo en lo que vayamos a entretenernos. A fin de cuentas, si estás en Colombia, aunque el software sea, pongamos, indio o chino, y los servidores estén Japón o Florida, la casa, la marca, será colega, y eso en la confianza es importante. Pero ojo, no se trata de un gesto frívolo… Miren si no, la envergadura de La Casa del Libro Total en su web… Es impresionante: eso ya pinta mucho mejor; eso sí se parece más a Un Libro Total.

Actualización viernes, 19 de diciembre de 2008:

El pasado 2 de diciembre Luís Lloreda comentó nuestra entrada y precisó algunos puntos:

Respecto al LIBRO TOTAL, queremos hacerle algunas precisiones que servirán para el mejor entendimiento de nuestras pretensiones.
El hecho de que EL LIBRO TOTAL sea un proyecto cultural de SIC Editorial y Sistemas & Computadores, no quiere decir que los objetivos de estas tres empresas sean iguales:

Sistemas & Computadores es, tal como Ud. bien lo dice, es una empresa de ingeniería que genera soluciones informáticas.

SIC Editorial se encarga de la autoedición y de la edición digital de libros, y es la primera en Latinoamérica no solo por haber hecho hace 13 años su primer libro digital, sino por la cantidad de títulos y autores publicados, que sobrepasa en este momento los 4.000.

EL LIBRO TOTAL es una empresa colombiana, con recursos técnicos creados por colombianos, completamente distinta de la autoedición de libros digitales, si bien acoge en el aparte de Literatura Colombiana, las publicaciones que hace SIC Editorial.

EL LIBRO TOTAL encarna un viejo anhelo de la humanidad, que pasa por Dante, Mallarmé, Valery, Blanchot, Barthes, Derrida y un largo etcétera. No se propone la mera presentación de obras -así sean todas- a los lectores. Trata de mostrar la interacción, conexión y dependencia que subyacen en cada texto literario a través de EL LIBRO TOTAL, rescatando en el siglo XXI el placer de la lectura y haciendo posible una nueva y novedosa escritura a partir de esta misma lectura. No pretende aplicarle lenguajes y presentaciones audiovisuales que desfiguren ese viejo y leal amigo nuestro, el amorosamente manoseado libro de papel. Quiere salvarlo de una muerte ya demasiadas veces anunciada.

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La Edición Independiente de Colombia en la Liber 2008

Octubre 15th, 2008 Posted in Editores Independientes Colombianos, Entrevistas | 2 Comments »

Por intermediación de nuestro querido Martín Gómez, nuestro Ojo Fisgón en Las Redes arreglamos encontrarnos a conversar –en el marco de la Liber 2008, que ya estamos comentando en Tökland– con Gustavo M. García Arenas.

Editores Independientes Colombianos

Gustavo, gerente de Icono Editorial, y al que conocimos bien acompañado por la Dra. Lucía Moncada Roa, está al frente de una experiencia colaborativa importante en el marco de la edición independiente en Colombia, surgida al calor de las brasas de la pasada feria del Libo de Bogotá

Según Álvaro Garzón, director del programa, “luego de la experiencia exitosa que las editoriales independientes colombianas tuvieron el año pasado en la Feria del Libro de Guadalajara, su participación en la XXI Feria Internacional del Libro de Bogotá ha servido para afirmarlas como un colectivo editorial consolidado. La firma de los estatutos constitutivos de la REIC, su experiencia en un stand gremial que tuvo gran éxito comercial y la difusión de los títulos respectivos en un hermoso catálogo común, le dieron al mundo editorial la imagen de un grupo serio y emprendedor con el que habrá que contar en adelante”.

Nos presentamos, escuchamos el acercamiento que nos hicieron de su proyecto y conversamos sobre algunos de los motivos que los habían llevado a Barcelona. Por nuestra parte les explicamos un poco qué es Tökland y planteamos algunas ideas sobre la mesa para desarrollar con ellos. Fue un momento agradable que confirma, como ya venimos haciendo hace varios meses, que en Colombia se están cociendo iniciativas editoriales interesantes.

> El crecimiento de los grandes grupos y su impacto sobre la edición independiente (Entrevista de Martín Gómez, El ojo fisgón, a Gustavo Mauricio García Arenas)

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