Junio 9th, 2008 Posted in Edición XXI | No Comments »
Cada vez que nos enfrentamos a una noticia o al análisis “por encimica” de informaciones que circulan, cada vez que nos invitan a compartir un proyecto, cada vez que contratan nuestros servicios, cada vez que somos consultados, insistimos en la letanía “El problema no es tecnológico”… “El problema no es tecnológico”… “El problema no es tecnológico”…
Porque no estamos hablando de insuficiencias de la tecnología para mejorar procesos y presentes: hablamos de crisis de modelos y de nuevas oportunidades; de atención y de incertidumbre. La mayoría de los editores para los que estamos trabajando espera de estas tecnologías y oportunidades mejoras en su realidad inmediata: no momentos mejores a medio y largo plazo, sino mejoras, mejoras lo antes posible: toda la vida hemos vivido sin esto, pero ahora no podemos vivir sin aquello. En los ramales de relación con nuestros clientes siempre hay urgencia. Mejoras del sitio web, mejoras en las políticas de comunicación en red, mejoras en la utilización de estas nuevas herramientas por parte de organizaciones y equipos. Mejoras pero, cuya unidad de retorno de valor pasa por la venta de unidades de producto, libros en la mayoría de los casos. Con todo, entorno a esta problemática somos legión los que trabajamos en pensar y desarrollar soluciones y servicios. Somos legión con capacidad de resolver, cada uno según criterios y modos.
Nos parece perfecto que el mommentou ofrezca a diestro y siniestro encuentros, talleres, seminarios, jornadas, simpósiums o cursos de aprendizaje (mismamente éste que nos traslada Chema García es súperinteresante).
Pero la importancia de estos materiales no es directamente para ustedes -en el sentido que lo es para un alumno de Máster de Edición, por ejemplo. Son imprescindibles para todo aquel que hoy quiera profesionalizarse en algún punto de la cadena de producción editorial actual vamos, pero usted, editor, usted editora, lo que ha de hacer es trabajar momentos de confianza… con gente que tenga todo esto más por mano y que esté implicada. Con suma facilidad el aluvión de opciones y la impotencia de una aplicación inmediata más que ayudarnos nos entorpece. Lo esencial de vuestro trabajo no depende de lo que sepáis de la Web 2.0, por ejemplo, o de la Nueva Edición, sino del resultado de una reflexión social más amplia que vuestra labor canaliza hoy a través de una selección de contenidos. Un editor, hoy ha de ser inteligente par rodearse de valor y talento, más que pretender formar su inteligencia, para todo. Ocurrirá lo mismo que con las administración y las finanzas de la empresa: ha dejado de aprender contabilidad, ¿verdad? Ha renunciado a volverse a masterizar en gestión de empresas, ¿verdad? Y por poco bien que le vayan las cosas seguro que tiene un contable o un departamento de contabilidad o un gerente y una asesoría fiscal y financiera. Pero sin dejar de mandar del todo, ¿no es cierto? La empresa sigue siendo suya y ellos trabajan para usted, y finalmente es usted quien decide. Siguiendo con este símil, si usted de verdad quiere contratar a alguien más en su empresa, busque una “Gerencia de Sistemas”… Todo lo demás estará externalizado: gestionado por redes de confianza externas pero implicadas: ¿exointegradas?
Pues el problema ya no es tecnológico sino de proyecto, de planteamientos como decimos… Y aunque las utilidades inmediatas de los nuevos medios salpiquen nuestra actividad con momentos innovadores, no cabe duda de que hay un gran ámbito de innovación dispuesto para nuevas actividades… ¡También para la edición! ¡Fundamentalmente para la edición!
La vuelta al mundo en 80 días es una hermosa historia pero aprender inglés en 15 horas, es una memez. Hay que estar en plan editor o editora, como siempre, al tanto de lo que pasa, al tanto de lo que se rumorea, al tanto de lo que se informa y al tanto de lo que se crea y, específicamente en el ámbito de los contenidos textuales si se quiere, especialmente concentrado en destilar, en acercar, en compartir obras y creaciones… ¿Que se introducen nuevos medios, nuevos formatos y modos? Bien. Pero nosotros a lo nuestro de ser editores. Edite pues, edite edite nomás, que nosotros y otros como nosotros nos encargamos del resto: de la mecánica cuántica de la cosa: tenemos activada y lista para usted, una maquionaria en red de complicidades con valor… pero eso sí, denos tiempo, no mucho, pero algo más que la urgencia del ayer.
>Juan Varela / Sociedad Cableada / Soitu “Entretanto, la industria editorial está más pendiente de la caída de la venta de libros que de los sustitutos digitales. En el año 2006 sólo se vendieron el 68% de los libros editados frente a un 72% el año anterior y un 83% en 2003, cinco años antes. La saturación comienza a ahogar y cada vez cuesta más hacerse con un hueco en los escaparates de las librerías, mediáticos o virtuales para colocar títulos y autores. Son las servidumbres del mercado de la atención. Hay un futuro todavía para la venta de libros, pero el negocio de los libros digitales seguramente ya no dependerá sólo del valor de la obra. También, y mucho, de la capacidad de atención y espectáculo de la figura de los autores, de la maestría promocional de los editores y de nuevos modelos de comercialización que no obliguen a los futuros libros digitales a venderse por debajo del precio de coste, como hace ahora Amazon con la mayoría de los títulos disponibles para Kindle. Seguramente el futuro del negocio de los libros también estará en la publicidad, como un soporte más cuando todos los medios son bits, en la capacidad de los autores para concitar la atención y en su poder de vender imagen y merchandising; en una economía de la atención donde ya no compiten sólo con los otros escritores, sino con el tiempo que los consumidores dedican a otras estrellas de la era hipermoderna. Y para los oscuros, para esos que sólo unos pocos siguen o que sólo el tiempo convierte en estrellas, para esos más les vale que los nuevos paradigmas de la edición funcionen y que siga existiendo un mercado de pago para los contenidos”.
> Francis Pisani / Transnets / Soitu “Krugman, parte de un argumento formulado en 1994 por Esther Dyson, según el cual, el hecho de que el contenido digital pueda copiarse y transmitirse fácilmente obligará a las empresas que viven de ello a regalarlo, aún a riesgo de tener que ganar su dinero en la periferia… Esto equivale a “distribuir gratuitamente la propiedad intelectual para poder vender servicios y relaciones”, escribía Dyson”.